viernes, 31 de julio de 2009

EL SILENCIO DE LA LÍNEA

El silencio de la línea (2005)
Autor: Diego Fortunato
Tinta china sobre cartulina, 30 x 20 cm.
Serie: EL LENGUAJE DEL ZEN


PIEL

Es suave como el amor.
Terciopelo de las horas.
Son mis manos de piel,
las que tocan tú sed,
las que acarician
tus palabras de miel.

Es mí cuerpo…
Tú piel está en mí.
Ardiendo estamos
como volcanes
encontrados en el tiempo.

Golondrina perdida,
tus senos benditos,
con pezones de flecha
que apuntan en mí pecho
te dará el lecho
de una vida bendita
en el placer y el amor.

Es la piel,
sólo la piel,
su olor y condición,
a la que las mujeres
le dan amor y devoción…


MAO-TENG, EL DE LA ETERNA Y APACIBLE CONFUNSIÓN


Mao-Teng, el de la eterna
y apacible confusión (2005)
Autor: Diego Fortunato
Tinta china y acrílico sobre cartulina, 30 x 20 cm.
Serie: EL LENGUAJE DEL ZEN





PERDÍ UN SENTIMIENTO



No sé si voy a morir
ahora o después.
Soy una sombra muda de afectos…
Un ruido, quizás… Sólo eso…
Pero quiero hablar… Es mi momento…
Es lo último que pienso hacer.
Por eso me atrevo a contar
lo que estaba sepultado
en las cicatrices
que reflejan el ayer.
La historia es corta,
como todas las de quienes
se entregan por amor.
Todo se sintetiza en una frase:
“La quise y me traicionó”…
¡Sí!, así de simple,
se fue y dejó la herida…
La llaga maligna marcó
el fin con estrofa y sin solfeo.
Aprisioné las palabras…
Quise apedrearlas…
Las letras del eco aturden
y fusilan mis entrañas…
No voy a escapar,
menos refugiarme
en la compasión
del entendimiento.
La muerte sonríe
aturdida cerca de mí, a mí lado…
Muy cerca… Me acaricia.
Quizás es su venganza hacia la vida…
¡Bienvenida!, exclamé…
“¡El miedo está enterrado en el dolor!”,
agregué complacido,
como si en verdad
estuviese convencido
de lo que estaba por venir…
La prosa volvió
a ser poesía aquel día.
Los cipreses lloraron,
el sentimiento agonizó cerca del río…
Hubo luto en la montaña.
Hasta las sombras se conmovieron.
Luego, al poco tiempo,
los seres queridos volvieron
a la gloria y a las causas perdidas…
¡Así es la vida!... ¡Así es la muerte!...
Perdí mucho, quizás nada…
Quizás sólo un sentimiento…
¿Y qué es la vida
si no hay sentimientos?...
¡Nada!... ¡La muerte viva!...

EL CAMINO


El camino (2003)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 150 x 100 cm.
Serie: HORIZONTES PERDIDOS

A LA VENTA

Lo recaudado irá a beneficio de la

FUNDACIÓN NIÑOS ARTISTAS DISCAPACITADOS





¡DIOS, CÓMO TE AMO!



Cómo decírtelo.
¿Con qué palabras expresarlo?
¿Dónde conseguirlas?...
¿En cuál diccionario humano?... ¡No lo sé!...
Mejor dicho, no existe en el mundo,
ni en el universo, frases ni vocablos rotos,
buscados, pensados o impensados,
para decirte ¡cuánto te amo!...
¡Cuánto te adoro, Dios!
Es que mi amor nace
de lo profundo de mí ser,
de esa parte tuya que aún no entiendo,
pero que alumbra mí alma
hasta en los momentos
más desolados,
tristes y de amarga piel.
Te amo en el dolor,
en la dicha peregrina
y en los viajes sin frontera,
donde la cordura
llega al límite del amor y la negación.
Amo Tú luz,
porque alumbras el sendero oscuro,
das paz al corazón desangrado,
calor al enfermo ido
y alegras el mar de las desdichas.
Te amo, porque eres amor verdadero,
que das sin decir ¡te quiero!...
Te amo, porque concedes
paz al alma herida,
a la golondrina perdida
a quien la devuelves al nido
con Tú mirada divina.
Te amo, con tal intensidad,
que cuanto te presiento,
que es a cada instante,
no se si llorar o reír,
de alegría y gozo, porque quisiera…
¡Quisiera entregarte el ama mía!…
¡Dios, cómo te amo!

LA GOTA QUE EMERGE


La gota que emerge (2003)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 150 x 100 cm.





SUEÑOS ROTOS


Como fantasmas
los veo deambular
desde mi ventana
todas las mañanas.

Unos corren altivos
con la esperanza
dibujada en sus rostros.
Otros cabizbajos
y pensativos.
Otros tan
apesadumbrados
que parecen
cargar un mundo
de penurias
en sus hombros.
Los más jóvenes
llevan un cántaro
de sueños
y alegría
en sus mochilas.
Caminan tan
apurados
que semejan
pájaros volar tras
sus fantasías
sin saber
que muchos
nunca
la alcanzarán.
La vida
no está hecha
de quimeras
sino de realidades.
Pero corren…
Corren mucho.
Unos a pasos cortos
otros en largas zancadas.
Algunos parecen
liebres en el prado.

Corren… Todos corren…
Algunas mujeres
marchan al redoble
de sus tacones.
Otras en el silencio
de sus zapatos de goma.
Pero todo corren… Corren.
Hasta los niños que van
al colegio corren
de la mano de su madre.
Y los más bebés
también corren
en sus coches
y calesitas empujadas
por sus padres
quienes también corren
mientras los trasladan.
No es el preludio
del fin del mundo,
pero todos corren.

¿Dónde van?...
¿Quién llegará primero?
¿Quién lo logrará?
Es la carrera
por la vida…
Por los sueños rotos.

Parecen hormigas…
Abejas tras un panal,
sin saber que la vida
es efímera tal soplo
y los sueños inmortales.

Los veo
desde mi ventana
y me angustio.
Corren en días
lluviosos
o cuando
hay bruma.
Corren
con el sol
ardiendo
en sus espaldas.
Corren… Corren
tras un autobús
y en las paradas
se atropellan.
Corren en el metro
donde semejan
robots desquiciados.
Corren en las avenidas
sin saber donde pisan.
Corren en las autopistas
que hoy en día
son vías de maniáticos
y chiflados.
Corren en los ascensores.
Arriba y abajo.
Abajo y arriba,
solo por dinero,
un mendrugo
que comer
y una cama
vacía de realidad.
Corren por las escaleras…
Corren por las cuestas
empinadas
y sinuosas bajadas.
Siempre corren
Como si correr
fuese vivir.
Pocos son
los que coreen
tras la misericordia…
Tras el amor
divino teñido
de esperanza.

Todos corren… Corren
Unos más aprisa.
Otros más despacio,
pero corren y corren
sin saber
que los caminos
del tiempo
conducen siempre
a la tierra donde
los sueños
al fin son
inmortales
y duran
una eternidad.

Hace tiempo
dejé de correr.
Ahora que corra
el viento tras de mi.
Ya no soy hombre,
ni sueño, ni mortal
o inmortal,
sino un viajero
que mira
la inmensidad
desde la ventana.

LA DONNA DI SIENA


La donna di Siena (2006)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 150 x 100 cm.
Serie: MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
EN: Corniceria LA CORNICIAIA, Milazzo, Sicilia (ITALIA).



BAILA CON LAS ESTRELLAS


Todo es luz
donde hay amor.
Donde las estrellas
bailan sin temor.
Es el tiempo
el que sueña,
la vida baila
sin miedo
en el arcoiris
de la existencia.
Baila al vaivén
de las cuerdas
del violín,
en el sonido
que te lleva
hasta el fin
de los tiempos.
Baila con las estrellas.
En su regazo de paz
y déjate llevar
a la ventura.
Baila… Baila libre
sobre la felicidad,
en su brillo,
en la libertad
que acaricia
las horas
de paz infinita.
Baila … Baila
con las estrellas.

jueves, 30 de julio de 2009

LA FAENA DE ADÁN Y EVA


La faena de Adán y Eva (1997)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 120.5 x 76.5 cm
Colección Privada familia Kors Delfino.
¡CÓMO DUELE!



Dicen que es intangible,
que nadie puede verlo ni tocar,
menos acariciar, pero cómo duele.

Es el dolor. El de los días, el del alma,
el de la carreta que nadie conduce.
Es ese sentir morir estando vivo.

Es una vida sin mimos ni flor,
sólo un amargo y acre perfume
apuñala el aire áspero de los días.

Nunca una letra fue escrita
sobre el agua y los vientos,
pero cómo duele en el dolor.

Siempre callados,
los desheredados del tiempo
brindan una sonrisa perdida,
una lágrima vacía.

Es la violencia de la soledad,
la que aturde el sentido
la que te roba el ruido
para dejarte sólo,
sin suspiros, sin caricias.

EL VIAJANTE


El viajante (1989)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 90 x 60 cm.
Colección Privada





PISADAS



Un paso,
después otro
y, después,
lentamente
el silencio.
¿Y ahora, qué?
Otro paso,
uno más fuerte,
uno que habla,
uno que calla.
Viene el otro,
siento sus pisadas,
corre y calla,
busca la vida,
pero están las murallas.
El último paso
se queja y maldice,
no hay vida intermedia,
ni historias de hadas
sino un abrazo
a la suerte vacía.

EN EL PRADO DE LOS LIRIOS SALVAJES


En el prado de los lirios salvajes (2007)
Autor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 120 x 90 cm.
Serie: BAILARINAS INFINITAS
LA CULPA



Reía como un loco,
de felicidad y quimeras.
Estaba sólo,
apoyado de un sueño,
y de pronto ante mis ojos
apareció una imagen incolora.
Sabía quién era, pero dudaba
en saludarla, porque, por su cara,
presentía que algo turbio se traía.
Apacigüé los sentidos y como hombre
vivido me dispuse a escuchar su pena.
Soy el juez, me dijo, y quiero oír
de tu boca y aliento lo que presiento.
No se a que has venido,
pero juro que en mi vida no hay delito
que deba confesar, objeté buscando alivio.
¡Si hay uno!, contestó altanero,
y aunque seas bien nacido,
debo endosar tú culpa en el camino.
¿Cuál culpa?, pregunté con inocencia…
¡La de haber vivido!,
imprecó con impertinencia.
Pensé por unos instantes
y enseguida respondí:
La culpa es amor marchito,
las mentiras y el engaño,
los hábitos malsanos y los años sufridos.
Enmudeció por instantes,
luego balbuceó y sin querer,
de su garganta brotó: ¡Soy El Juez!...
La culpa es mi dominio y no habrá hombre
en la tierra que escape a mis designios…
¡Soy El Juez!, volvió a mascullar
con asco contagioso…
Dices palabras
que no concibo en mi vocabulario,
pronuncié resuelto.
Entonces... Si no me entiendes, diré:
La culpa es grande y poderosa,
tiene aliados impensados,
entre ellos bribones, magistrados y religiosos,
psiquiatras, políticos, médicos y loqueros
y locos enteros que sirven a mis intereses.
Me conmoví tanto,
que mis emociones regresaron.
No pude pensar, tampoco dudé,
y con palabras arrebatadas de Dios, le dije:
“Donde nace la aurora
nace la esperanza y con ella la vida
y donde hay vida hay amor
y la culpa es sepulcro del perdón”.
Eran frases que había inventado por miedo.
Un ardid para evadir la culpa.
Una sonora carcajada
retumbó a mis espaldas.
¡La culpa, escuché decir,
nunca dejará de existir!
Dije, entonces: ¡Basta!...
¡Dios, condena mis pecados!
Se movió la tierra…
El hombre renació aquel día.
El olivo, la pez perdida,
los ángeles, la esperanza,
los santos, las vírgenes de toda mi vida,
las rosas, blancas y rojas,
y el canto de las perdices
volvieron a la vida
aquel día que naufragó el olvido.
No pude resistir
y en voz ahogada y firme grité:
¡Donde hay amor no hay temor sino vida!…
Después, años después,
cuando el tiempo
se perdió en la lejanía,
volví a mis encierros,
a mis locuras, a mis vidas vividas.
Quise saber qué pasó
en el tiempo después del entierro
de la locura total.
En fin, quería preguntar: Dé quién es la culpa:
¿Del hombre o del ser?…
¿De sus acciones o defectos?...
¿Hay cordura en la culpa?…
¿Cuál es el principio, cuál el fin?

lunes, 27 de julio de 2009

VITRAL DE SAN FORTUNATO


Vitral de San Fortunato Mártir, patrono de pescadores
y navegantes del pueblo de Camogli (cerca de Genova).
Según el santoral su fiesta se celebra el 15 de diciembre.


A TODOS LOS FORTUNATOS Y FORTUNATAS DEL MUNDO

Santo sabía que era
pero no que habían tantos
santos Fortunatos.
Setenta cuenta la historia
entre mujeres y varones.
La mayoría fueron
mártires de los primeros
siglos del cristianismo,
otros perseguidos
ferozmente en el medioevo
y albores del renacimiento.
Es la pura verdad,
a menos que los libros
sagrados cuenten cuentos.


De las hembras veneradas
todas las Fortunatas
fueron mártires inmoladas
en hogueras candentes
y a garrote vil bajo
vendavales y lodazales
por lo impíos holgazanes
de la cristiandad,
a quienes no les gustaba
rezar el rosario y mucho menos
ir a la iglesia los domingos,
pero si embriagarse,
blasfemar y jugar bingo
en la sucia cantina
que había junto al mar.


Entre todos los santos
crucificados por los romanos,
fariseos y judíos malsanos,
sólo se recuerdan
a los Fortunatos
y Fortunatas, no porque
eran más santos
que los demás, sino
porque eran muchos
y su nombre más común
que los Josés y Marías
o una arepa de chicharrón
y una birra bien fría.


Aunque su nombre
proceda del latín fortunatus,
que en buen cristiano
significa afortunado,
de donde deriva Fortuna,
que a su vez viene de fors,
que quiere decir fuerte
y también sors y sorte,
de donde proviene suerte,
a los pobres y mancillados
Fortunatos y Fortunatas
de la era post Jesús,
la Diosa Fortuna, divinidad
pagana de la suerte y la felicidad
adorada por romanos y libertinos,
en vez de ayudarlos y liberarlos
de tan cruel destino,
hizo parrilla con su carne
y asado con sus intestinos.
Y sólo por decir que Dios
existía en el cielo y que había
enviado a la Tierra a Jesucristo,
su amado y unigénito hijo,
para conducir a la salvación
al rebaño perdido y redimir
los pecados del mundo
para así estar todos
felices cual lombrices
en el paraíso celestial.
¡Qué bárbaros e ignorantes
los malvados romanos!


Entre los mártires
más mártires y escarnecidos
de los buenos Fortunatos
estuvo el obispo
de Fanum Fortunae,
una población llamada
en ese entonces El Templo
de la Fortuna, hoy
rebautizado como Fano,
a orillas de ese mar
brillante, hermoso y adorado
llamado Adriático.
En un principio
a este desventurado
San Fortunato
le brilló oro y fortuna,
porque para quitarse
de encima sus lamentos,
el Papa que gobernaba
la Iglesia en esos momentos,
le autorizó vender reliquias
y vasos sagrados del culto
a fin de proveerse
de buen dinerito y joyas
para pagar por el rescate
de piadosos frailes cautivos
por príncipes insanos
y obesos villanos,
mal llamados
Señores Feudales.
Aunque al poco tiempo
el también fue sometido
y recluido en torre infiel,
pero no de marfil sino de hiel,
donde atormentado
y confundido murió también.


No hace poco,
si consideramos que el
tiempo humano es apenas
fracciones de segundos
en relación al tiempo cósmico,
en el siglo XVI, un héroe
de novela de caballería
llamado Fortunato, fue el único
realmente afortunado
de su época, pues tenía
una bolsa de dinero que nunca
se vaciaba por más que sacase
de su fondo monedas de oro,
petrodólares, brillantes, diademas
y todo lo que se le antojase.
Por si fuese poco,
ese afortunado Fortunato
poseía un Gorro de Deseos
que le otorgaba el don
de la ubicuidad. O sea
que podía estar en muchos
lugares al mismo tiempo, pero…
siempre hay un pero, tanto
en la vida real como en las historias,
no era santo y mucho menos cura.


Y ya que de italianos se trata,
no podía faltar entre ellos
un San Fortunato Trovador.
De esos cantantes y poetas de antes,
muy melodiosos y entonados,
que nada tienen que ver
con esos raperos que andan
por doquier y que de sólo
escucharlos se me revuelve
el estómago como cola de cascabel.


Aunque pobre y macilento,
ese San Fortunato Trovador
nació en la Venecia de ensueño
de los tiempos de oro y oropel.
De holgazán o bohemio
no tenía un ápice,
pero como había que comer,
con laud en mano y un crucifijo
prendido del cuello, comenzó
a recorrer toda Italia cantando,
componiendo versos y poemas
sin tema o destinatario,
aunque fuese dentro de un burdel,
una iglesia o la casa de San Miguel.
Curado de una grave ceguera
por San Martín, decidió
aventurarse a Tours, en Francia,
de donde provenía su santo
bienhechor y curador.
De allí, siempre con su laud
terciado en hombros y bien
dispuesto a una tonadilla,
y a comerse una buena tortilla,
tomó a pie, sin armadura,
pero con buena cara dura,
el polvoriento camino a Poitiers
para venerar las reliquias
del místico San Hilario,
donde arrepentido
de sus aventuras y juergas,
entró en tan honda crisis espiritual
que puso de un plumazo
fin a sus andanzas
de trovador y cantante.
La ex reina Radegunda,
que era muy tremebunda,
se conmovió de su alma
errante y cobijó en palacio real
para que se convirtiese
en el limosnero de su monasterio
donde escribió los venerados
Escritos Perdurables,
en los que narra vida santos
y compone dulces
y espirituales poemas.
Diez mil, más o menos,
de sus rimas perdurarán
hasta el fin de los tiempos,
así como los himnos más
hermosos de la liturgia,
como el Vexilla Regis
y el Pangue Lengua.
Aunque murió siendo
Obispo de Poitiers,
eso ya nadie lo recuerda,
porque San Fortunato, El trovador
pasó a la historia sacra
por ser buen poeta, melodioso
cantante y digno compositor.


Lo voy a dejar hasta aquí,
porque si cuento lo que les pasó,
dónde y por qué a los otros
¡sesenta y ocho! San Fortunatos,
estas pequeñas y no tan santas
líneas batirían record mundial
de versos y aburrimiento,
por lo que he decidido
hacerme la señal de la cruz
y rezarle a los San Fortunatos
que iluminaron mi mente
a fin de que no siguiese
escribiendo estos versos
que me pueden,
de un momento a otro,
convertir en demente.

II

Aunque les había prometido
a todos los santos Fortunatos
y Fortunatas no seguir
contando historias viejas
de santos y no santos,
a mis ya cansados oídos
llegó una historia muy
singular, que no por eso
voy a contar, sino porque
en lucha sin cuartel
el Santo Fortunato Mártir,
que así se llama este otro
de los setenta que andan
rodando por ahí, desplazó,
en un abrir y cerrar de ojos,
al apenas arribar a puerto,
a nada menos y nada más
que a San Pedro,
con su manojos de llaves,
y a San Pablo con sus libros,
del altar donde se encontraban
muy sentaditos y cómodos
desde hace tiempo,
para tomar muy circunspecto
y orondo posición en ese lugar.
Todo sucedió en la Iglesia
de Santa María Assunta,
en Camogli, un puerto cercano
a Genova, de donde era
el bribón y navegante
Cristóbal Colón, el mismo
que descubrió a la América
casi entera creyendo
que a la India estaba llegando,
pero no nadando sino
en Las Tres Carabelas navegando.


Y es que San Fortunato Mártir,
no podía ser más afortunado,
aunque murió por ser cristiano,
romano y muy buen ser humano.
Abandonados en una catacumba
de Roma sus restos estaban tirados
y si no hubiese sido por el cura Pellegrini,
párroco del poblado de Camogli
y confesor del Papa Clemente XI,
allí se hubiesen quedado
por toda la larga y perpetua eternidad.
Pero el inquieto párroco, presionado
hasta la saciedad por los pescadores
de Camogli, quienes le reclamaban
un santo que les protegiese de huracanes
y vendavales y les proveyese buena pesca,
corrió hacia su Papa amigo
y presto le exigió un santo bendito…
pero que fuese rapidito sino
los pescadores se lo iban a comer frito.

Fue entonces como al Santo Padre
se le iluminó la coronilla y fue corriendo
a la capilla, donde se acordó que tirado
en una maloliente buhardilla del Vaticano
estaba un buen soldado romano
que fue muerto en el Circo inhumano
junto a otros cristianos
por estar creyendo que Jesucristo
era mejor y más grande
que el Emperador Justiniano.
Y así, de un soplido desesperado,
que más sonaba a flatulencia rancia
que a bondad de alma, nació un santo
divino que pronto todos llamarían
San Fortunato Mártir, porque cuando
los pescadores embarcaron sus despojos
en nave gris y derruida para llevarlo
desde Roma a su ciudad natal,
sucedió algo fatal pero muy real.
Nubarrones negros teñidos de rabia
cobijaron todo el largo y ancho mar.
Rayos y centellas partían el cielo
en mil pedazos con estruendo mortuorio.
El viento sonaba la tonada de Lucifer
y las olas eran tan grandes y furiosas
que parecían rasgar el cielo con sus uñas.
El endeble barco y los aterrados
pescadores parecían fantasmas
atrapados en los recovecos
del averno más abismal.
Tan furiosa fue la tormenta
que hasta granizo de roca cayó
sobre la preciosa y pulida urna,
pero el esqueleto del infeliz romano,
siquiera se movió, ni el maquillaje
que le mandó a poner el Papa, se corrió.
Temiendo lo peor, los marinos
comenzaron a orar por sus vidas
y pedirle a la preciosa carga
que llevaban con ellos un milagro.
¡Y el milagro se dio!... De pronto,
como por arte de magia, tormenta
y peligro cesaron en un santiamén.
Nadie resulto herido, la carga divina
y la galera estaban intactas,
por lo que marinos y pescadores
decidieron pronto ponerle un nombre
a su santo, porque nombre no tenía
aquel santo que les había
regalado con espanto el Vaticano.
Y ya que por fortuna, y también de chiripa,
habían salido ilesos de aquel terrible temporal,
todos al unísono decidieron bautizar
al muerto ancestral que llevaban
con ellos como San Fortunato, Mártir,
patrono de navegantes y pescadores.
Y así, colorín, colorado nació otro santo
de los setenta afortunados Fortunatos,
y, lo mejor de todo y para todos,
es que este cuento se ha acabado.
Pasó por un zapatito roto y la próxima
semana les contaré otro… ¡Ilusos!...



P/D: Aunque realmente
más que por fortuna
los pobres pescadores
se salvaron de chiripa,
optaron por ponerle
San Fortunato
a su preciado santo
porque San Chiripa,
sonaba muy mal
en ese entonces
y también ahora.
¿No lo creen?...

FAMILIA FELIZ


Familia feliz Con mis cinco queridos, amados y adorados
hijos. Diego Odín, Viviana, Daniela, Cristhian y Deborah. El del
centro, ¡por supuesto!, soy yo.




MIS HIJOS

Mis hijos
son mis hijos
y quien los busque
dividir el diablo
lo visitará.

Mis hijos
son mis hijos
y de nadie más.
Nadie, por más
que se esfuerce,
me los va
a quitar.

Mis hijos
son mis hijos
y no habrá
maldad
en el mundo
que nos
logre separar.


El amor
de un padre
no tiene
igualdad
con el de la
madre eterna
y sin igual,
pero sin
un padre
la vida
nunca nacerá.

Mis hijos
son mis hijos
queridos
y mimados
desde
el nacimiento
a la eternidad.


Los amo
infinitamente
a todos
por igual
y ellos
a mi de
idéntica
manera,
por eso
no existe
y nunca
existirá,
demonio
tan malévolo
que nos
pueda dañar.


Mis hijos
son mis hijos
en el bien
y en el mal.
Han nacidos
ángeles
eternos
que Dios
me los
envió
a cuidar.


Mis hijos
son mis hijos
y por más
que pretendan
no hay poder
en el universo
que pueda
separar
el amor
que anida
en nuestro
corazón.


Mis hijos
son mis hijos,
los hijos
de la vida,
el amor,
y la fe
y nunca
habrá lucha
entre
hermanos
porque
es terreno
de Satán.


Mis hijos
son mis hijos
en el bien
y en el mal,
y el gran
Señor
castigará
a quien
siembre
rencillas
en sus
tiernas
y nobles
almas.

sábado, 25 de julio de 2009

LAS 7 MARAVILLAS HUMANAS DEL MUNDO

¡Participa,vota y sugiere!
LAS 7 MARAVILLAS
HUMANAS DEL MUNDO
(Se escogerán entre los más notables y destacados de la era pre
y post cristiana en todo el mundo y renovados cada mil años).



CATEGORÍAS

(Preseleccionados sin ningún orden o preferencia. Sugiera alguno de su preferencia).


1. HOMBRES Jesucristo, Mahoma, Alá, Buda, Moisés, Ghandi, Madre Teresa de Calcuta, Bill Gates, Aristóteles, Sócrates, Platón, Alejandro Magno, Julio César, Gengis Khan, Juan Pablo II, Cristóbal Colón, Confucio, Martín Lutero, Odín, Juan Calvino, Atila, Garibaldi, Bolívar, George Wanshington, Napoleón, Mandela.

2. ESCRITORES Dante, Bocaccio, Julio Verne, Tolstoi, Shakespeare, Dovtsoyevsky, Cervantes, Víctor Hugo, Eugene O’Neill, lord Byron, Gabriele D’Annunzio, Lope de Vega, Luis de Camoes, Maquiavelo, Petrarca, Calderón de La Barca, Garcilaso de La Vega, Manzoni, Apollinaire, Flaubert, Kant, Rousseau, Voltaire, Descartes, Nietzsche, Kierkegaard, Pablo Neruda, Borges, Unamuno, García Lorca.

3. PINTORES Y ESCULTORES Leonardo Da Vinci, Miguel Ángel, Picasso, Rembrandt, Giotto, El Greco, Murillo, Diego Velásquez, Renoir, Van Gogh, Manet, Gauguin, Matisse, Botero, Monet, Mantenga, Bernini,


4. OBRAS La Biblia, El Corán, El Torah, El Discurso de la Puesta en Movimiento de la Rueda de Dhamma, Analectas o Luen Yu, Los Vedas, Mafalda, Los Miserables, La Guerra y la Paz, La Celestina, Os Luisiadas, El Príncipe, Romeo y Julieta, I Promessi Sposi, Elogio a la Locura, La Divina Comedia, Amadis de Gaula, El Lazarillo de Tormes, El Quijote.

5. CIENTÍFICOS Einsten, Volta, Graham Bell, Marconi, Madame Curie, Arquímedes, Copérnico, Miguel Servet, Kepler, Paracelso, Galileo, Newton, Celsius, Benjamín Franklin, Lavoisier, Galvani, Morse, Colt, Daguerre, Mendel, Bauer, W.T. Morton, Siemens, Mendeleev, M.H. Jacobi, Faraday, G.S. Ohm, G.W. Leibniz, J. Bernouilli, G.D. Fahrenheit, Pitágoras.

6. ARTISTAS Beethoven, Bach, Verdi, Michael Jackson, Elvis Presley, Los Beatles, John Wayne, Pato Donald, Bacon, Vivaldi, Rossini, Luciano Pavarrotti, Frank Sinatra, Madonna, Errol Flyn, Rodolfo Valentino, Donizzetti, Steven Spilberg, Sofía Loren, Brigitte Bardot, Elia Kazan, Marlon Brando, Harrison Ford, Puccini.

7. DEPORTISTAS Pelé, D’Estefano, Michael Phelps, Hank Aaron, Babe Ruth, Muhammad Alí, Rocky Marciano, Maradona, Primo Carnera, Ascari, Farina, Emerson Fittipaldi.


Para votar o sugerir cambios o incorporaciones escribe un correo a: diegofortunato2002@yahoo.es con los que desees, aceptas o no aceptas.
La puntuación es del 01 al 100.... ¡Gracias!

viernes, 24 de julio de 2009

ENSAYO EN EL CIRCO


Ensayo en el circo (1993)
Acrílico sobre cartón, 66 x 48 cm.)
Colección Privada familia Bourne.




LADRÓN DE RECUERDOS

Busco sobre
las estepas del gris,
en las redondeces
de la memoria,
sobre las sombras
de las horas idas
y encuentro
el vacío de la nada
que me sonríe
como niña sorprendida.

Giro los ojos del pasado
hacia las profundidades
y un oscuro camino
que por instantes se ilumina,
indica el paso,
corto y escarpado,
hacia el ayer.

No hay rosas ni violetas
menos cosas benditas.
Ramas de terciopelo
o faroles de agua dulce.
Tampoco polvo,
lluvia o tormentas…
Pero es la vía.

Llego al final del sendero
agotado, pero sereno.
En el rincón más oscuro
encuentro un cofre,
que en una época fue reluciente,
con su boca abierta,
como pidiendo clemencia.
A pasos lentos me acerco.
No hizo falta más,
sólo dos pisadas.
Todo olía a estiércol.
Un caballero andante,
quizás un gitano,
un pirata o un fantasma
montado en un corcel
vestido de rabia
se había robado mis recuerdos,
mi historia,
la que creía no valía nada.
Ahora sólo soy el presente.
No hay pasado,
sólo un futuro incierto
que algún día
pertenecerá a los recuerdos.

CAMINANDO BAJO LA LLUVIA


Caminando bajo la lluvia (1993)
(Acrílico sobre cartón, 60 x48 cm.).
Colección Privada familia Capriles Ayala.





PERDÍ UN SENTIMIENTO

No sé si voy a morir
ahora o después.
Soy una sombra muda de afectos…
Un ruido, quizás… Sólo eso…
Pero quiero hablar… Es mi momento…
Es lo último que pienso hacer.
Por eso me atrevo a contar
lo que estaba sepultado
en las cicatrices
que reflejan el ayer.
La historia es corta,
como todas las de quienes
se entregan por amor.
Todo se sintetiza en una frase:
“La quise y me traicionó”…
¡Sí!, así de simple,
se fue y dejó la herida…
La llaga maligna marcó
el fin con estrofa y sin solfeo.
Aprisioné las palabras…
Quise apedrearlas…
Las letras del eco aturden
y fusilan mis entrañas…
No voy a escapar,
menos refugiarme
en la compasión
del entendimiento.
La muerte sonríe
aturdida cerca de mí, a mí lado…
Muy cerca… Me acaricia.
Quizás es su venganza hacia la vida…
¡Bienvenida!, exclamé…
“¡El miedo está enterrado en el dolor!”,
agregué complacido,
como si en verdad
estuviese convencido
de lo que estaba por venir…
La prosa volvió
a ser poesía aquel día.
Los cipreses lloraron,
el sentimiento agonizó cerca del río…
Hubo luto en la montaña.
Hasta las sombras se conmovieron.
Luego, al poco tiempo,
los seres queridos volvieron
a la gloria y a las causas perdidas…
¡Así es la vida!... ¡Así es la muerte!...
Perdí mucho, quizás nada…
Quizás sólo un sentimiento…
¿Y qué es la vida
si no hay sentimientos?...
¡Nada!... ¡La muerte viva!...

PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS

Con Fernando Botero en una exposición
mía en la Galería MTD. A la izquierda,
El descanso, cuadro que forma parte
de mi serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA.



PENSAMIENTOS Y SENTIMIENTOS
Los sueños y angustias de Diego Fortunato

La mayoría, cientos de ellos, se encuentran perdidos en agendas u hojas sueltas cuya suerte ha sido signada por el destino que me tocó vivir. De aquí y allá, de una mujer a otra, de un sufrimiento a un martirio y de ahí a ninguna parte o, mejor dicho, a las puertas del infierno o, en el mejor de los casos, al encuentro, otra vez, del amor, que todo lo puede y todo lo logra.
(Todas las semanas publicaré algunos pensamientos de este libro)






  • Los sueños son inmortales, los hombres efímeros.


  • Podrán morir las ilusiones, nunca la esperanza.


  • Sordos los oídos que no escuchan su voz interior y los alertas del corazón.


  • Un ángel anida en todo aquel que suspire. El que no lo hace apenas respira.


  • El perdón es obra divina, no perdonar estigma del diablo.


  • ¿Vivir por vivir?... ¡No! Vivir para construir.


  • Hay un sólo color, el del arco iris del bien.


  • Gracias por darme la vida Dios amado, brindarme un sueño y hacerme reír de alegría.


  • La angustia es una ilusión de los sentidos que se anida en la mente para autocastigarnos de una culpa inexistente.


  • ¿Qué es una flor?... El reflejo de ti mismo, belleza y paz.


  • La clave de la inmortalidad radica en dejar una huella imperecedera de nuestro paso por la vida.

M Á S P E N S A M I E N T O S...

°En política no hay seres de buena fe y no se puede confiar ni en su sombra.


°La humildad es uno de los más grandes dones del espíritu.


°Sólo quien obra bajo los designios de Satán pone a hijos contra padres y hermanos contra hermanos.


°La inteligencia humana es tan infinita como incalculable. Descúbrela y utilízala para el bien.


°Por hay andan locos sueltos que parecen indefensos, pero, y es lo peor, son más locos y peligrosos que todo los locos juntos.


°El que tiene complejo de rico es, por regla general e infalible, un gran y acomplejado resentido social.


°El que siembra odio vivirá una vida de infierno y agonía latente.


°La envidia anula cordura y acelera la infelicidad.


°El hombre nace, crece, se desarrolla, se reproduce, se enrolla, se desenrolla y muere sin saber porqué ha vivido.


°Gracias a Internet el mundo gira ahora más rápido. Es el nuevo lenguaje universal hasta el fin de los tiempos.

°El fanatismo obnubila mente y razón.


°El fanatismo religioso arrastra a la diabólica enajenación.

°La religión mal entendida es pesadilla voraz y destructora.


°No hay paz sin amor ni amor sin paz.


°Sin cultura no hay desarrollo, sino caos.


°La peor enemiga del hombre es la mente. Si se sabe administrar, la mejor aliada.


°No dejes que tú mente te destruya… ¡Dómala!


°No vagues mucho en los laberintos de la mente, podrías perderte y quedar demente.


°Nadie es completamente normal y tampoco totalmente loco.


°Quien juega con la mente se vuelve demente.


°La mente de los niños es plenamente pura y virginal. La sociedad la corrompe.


°No le des muchas alas a la mente. Podría volar y arrastrarte hasta los abismos del fin del mundo.


°No hay peor perversión que una mente turbulenta.


°Para ser libres, completamente libres, debemos exilar nuestra mente del cuerpo.


°Todo lo imaginables es posible. Hasta un puente de luz.


°La imaginación nunca muere, se recicla en el tiempo.


°El que vive encadenado al qué dirán siempre será prisionero de la infelicidad y nunca libre.


°Nadie es malo por naturaleza. La sociedad en la que se mueve lo moldea o lo destruye.


°Piensa en positivo. El miedo anula y destruye.


°Alimenta el niño que llevas dentro y serás joven por siempre.


°La edad apenas es una cifra, lo que cuenta es el ánimo y la forma de ver y afrontar la vida.


°No hay viejos ni jóvenes, sino seres usados, seres nuevos y seres en proceso de producción.


°Ámate primero a ti mismo, luego los otros te amaran.


°El que odia no vive… ¡El qué vive es su odio!


°Ama siempre, hasta el último suspiro de tu vida.


°La bondad del corazón no es nada si no hay amor y humildad.


°Quien no ama la música, está muerto o nunca ha vivido.


°El pasado son cenizas sepultas en el infinito. ¡Déjalo descansar en paz!


°La música es susurro de ángeles. La poesías su mensaje de amor.


°El drama de la vida termina cuando la muerte se apiade de nosotros y nos lleve con ella.


°La vida es maravillosa mientras se tenga y se viva sana, plena y alegremente. De lo contrario es un candente infierno.


°Una gran escasez de cordura azota al mundo…A los cuerdos nos están secuestrando. ¡Refúgiate!


°Sólo quien obra bajo los designios de Satán pone a hijos contra padres y hermanos contra hermanos.


°Los libros sagrados dicen y se contradicen. Haz el bien y siempre vivirás con el favor y complacencia de Dios.























































ALGUIEN NOS ESPERA




Alguien nos espera (1996)
Pintor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre tela, 120 x 90 cm.)
Collección Privada familia Kors Delfino.


ESTABA RECOSTADO SOBRE UN DESEO

Tirado en noche
oscura sobre el verde
y oloroso prado salvaje
y al abrigo de un paraguas
de estrellas, miraba al cielo
en busca de un lucero fugaz
para pedirle un deseo.

Estaba alejado del mundo,
de sus guerras criminales,
de sus odios infernales,
de sus luchas malditas
y violencia materialista.

Estaba ahí, donde la paz
puso su nido. Donde Dios
hace la siesta en días festivos.
Alejado de la eternidad,
de las horas opacas y sin sentido.
De las luchas estériles de los poseídos
por el olor del dinero y la riqueza perversa.

Estaba en esa gran sabana,
hoy ungido paraíso terrenal,
que aún no ha sido contaminado
por la civilización siniestra y letal.
Estaba entre seres puros en humildad,
en el único recodo que se ha salvado
de la rapaz garra sucia e inmoral.

No sé si me perdonarán
los sabios pemones, arekunas y demás,
guardianes de la mágica selva de paz
donde los sagrados tepuyes cantan
sus himno silencioso a la espiritualidad,
pero se me hace necesario revelar
dónde estaba a fin de enseñarle al mundo
el ejemplo de amor que dan a la humanidad.

Quizá los haré más adelante,
pero antes quiero terminar
con lo que había comenzado:
La noche se teñía de azul oscuro,
de ese color que nadie ha visto
ni yo se descifrar. Mis ojos bien directos
no dejaban de apuntar al cielo,
mientras mis labios se desdibujaban
sin querer en sonrisa placentera y feliz.
No hay palabras, ni mano humana
que pueda atrapar ese momento.

Mientras suspiraba apareció
una estrella fugaz teñida de terciopelo,
después otra y luego una legión más.
Eran tantas y tan rápidas,
que se me olvidaron los deseos.
Cerré los ojos suavemente y pensé:
Necesito uno sólo y muy virginal
para que todas ellas, juntas en una sola,
logren realizarlo. Volví a suspirar
y pronto dije en mis adentros: “Señor,
Dios mío, devuélvele al hombre
la espiritualidad perdida… ¡Por favor!”,
terminé mientras una lágrima
con olor a súplica rociaba mi rostro.

Al instante abrí los ojos y desde la pérgola
del firmamento, las estrellas aún fluían
con fulgor, rapidez y reluciente armonía.
Parecían fuegos artificiales venidos
de las bóvedas del infinito desconocido.
¡Qué espectáculo magistral y radiante
que hasta mi sombra se pudo maravillar!

Me incorporé tranquilo. Sacudí
alguna paja que se había adherido
a mi camisa de lino blanco y caminé lento
hacia la churuata, especie de castillo ocre
tejido con telarañas de palma moriche
donde los pemones deshilan sus sueños
y cantan canciones que suenan a cristal.
Suspiré otra vez, esta vez aún más profundo,
que creo que hasta en el fin del mundo
se escuchó su sentir. Acordeones,
una flauta y un violín sonaron en mí ser,
muy adentro, tanto que aún lo siento.
Fue la señal, no se. No me atrevo a predecirlo.
Lo único que sé es que mi deseo pronto
se cumplirá porque el mundo ansioso está.

Volviendo a lo otro,
con mucha pena y obediencia
debo decir que me fue negado
y al mismo tiempo yo me lo he prohibido,
revelar dónde queda mi paraíso terrenal.
Está en la tierra, claro está.
Ni tan cerca ni tan lejos, dependiendo
de donde usted está. Pero una cosa
es cierta :¡Ahí no hay maldad!

Una pista les he dado
porque así me fue permitido.
No hay mal sentido en este relato.
Lo lamento mucho, pero debo preservar
el único recodo donde Dios en las tardes
va a descansar y a soñar con un hombre
justo, espiritual, más humano y menos letal.

¡Lo se!… ¡Él también sabe que vendrá!

UNA AL ESTE Y LA OTRA A TIERRA




Una al este y la otra a tierra (1998)
Autor: Diego Fortunato
Serie VITRALES VIRTUALES
(Acrílico sobre tela, 150 x 100 cm.).




LA LOCA Y LA LUNA

Era como un poema
escrito en la mañana.
Piel tersa,
tez de porcelana.

Algunos decían
que estaba loca,
pero no tanto.

Sus ojos, brillo
de centellas,
iluminaban
y encendían el día.

Cada brizna
de su cabello
era flama de delirio.

Sus labios,
carnosos
y voluptuosos,
preñaban el sentido.

Era ella, la única,
la del mimo,
la bienquerida.

Pero vino
la luna-luna
e incendió la llanura,
de copos y locura.

De aquella
imagen de mujer
venerada no quedó nada.

Fue la luna,
mágica e ignota,
que la volvió loca.

¡Ay luna-luna!,
qué le has hecho
a la hembra moruna,
porqué le robaste la cordura.

¡Ay luna-luna!,
¿Dónde te las has llevado
si aún no la he amado?

¡Ay luna-luna!,
profanaste la cosecha,
pero los recuerdos
reposan en la primavera.

¡Ay, luna-luna!... ¡Ay!
¡Te llevaste a la loca mía!...

¡Ay, luna-luna!... ¡Luna!

DANZANDO HACIA LA PRIMAVERA




Danzando hacia la primavera (1993)
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre carton, 66 x 48 cm.).
Colección Privada familia Tinoco.




UNA GOTA

Una gota,
simplemente una,
servirá
para iluminar
mí vida.

Una gota,
rociada de amor,
es la ternura
que me arrebatará
de la locura.

Una gota,
sólo eso pido,
no tú piel,
ni un beso
de terciopelo.

Una gota,
sangre mía,
te la entrego,
aunque el puñal
claves en la espina.

Una gota,
mujer vivaz,
que apague
el lamento
de mi sombra fugaz.

Una gota,
un Ave María,
una mirada al cielo
y te entrego
el alma mía.

CUALQUIERA DIRÍA QUE ES UNA COPIA DE LA MONA LISA




Cualquiera diría
que es una copia
de La Mona Lisa (1993)
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre cartón, 66 x 48 cm.).




LA CARTA

Quiero escribir una carta
pero no sé a quién dirigirla.
No tengo nadie que la espere
ni una dirección donde enviarla.
De todas maneras la escribiré.
La remitiré a mi corazón,
que sí escucha y leer sabe.

Querido amigo:
Primero que nada, mis mejores
deseos para sigas así, sano y fuerte
y pleno de dicha, salud y felicidad,
el cual hago extensivo a todos
tus amigos y familiares
que te circundan y siempre alientan
para que nunca te detengas
y continúes en la dura batalla
hasta que el Altísimo disponga.
Sé que he sido injusto contigo.
Que te debía estas líneas
desde hace bastante tiempo.
Que te he reclamado cosas sin razón.
Te suplico perdones mi desacierto.
Que olvides todos esos malos ratos
que te he hecho pasar sin recato.
La vida, y tú lo sabes mejor que yo,
me ha dado duros golpes y aflicciones.
No sé si con justicia o no.
¡Lo sé!... Eso no justifica mi proceder.
Tantas penas te he endosado
y tantos desconsuelos innecesarios
que fue como clavarte un dardo infiel.
Porque, al fin y al cabo, no tenías culpa de nada.
Perdona por tanto dolor, tanto sufrimiento,
que te infligí en mí alocado ir y venir.
¡Qué buen amigo eres!...
¡Qué fiel y manso compañero!
Tú sabes que todo lo acepto
y que de nada me arrepiento,
aunque el destino, puerco e infame,
me encajó el pecado de haber
nacido en un mundo ruin y malvado.
Nunca quise dañarte, ¡válgame Dios!,
porque te amo tanto como a mí mismo,
ya que eres bueno, sano y prudente.
Los deslices de mi vida sentimental
los soportaste con heroísmo colosal.
Te lo agradezco infinitamente
y nunca lo apartaré de mi mente.
Así como el amor que le brindaste
a mis hijos, a los cuales tenías como tuyos.
Tanta ternura, tanto cariño diste
que me hiciste sentir orgullo sin fin.
Y a mí madre, ¡cuántas caricias
y embelesos dabas cuando la mirabas
en lo profundo de su ojos vivaces y alegres!
¿Te acuerdas cuando yo era feliz
el gozo que me ofrecías en cada
salto del día y en las noches de armonía?
¡Qué hermoso era sentirte latir cerca de mí,
amar conmigo y ser amado por ti!
Me enseñaste tantas cosas que no sé
por donde empezar ni como describirlas.
A ti te debo todo el amor que pude dar,
los sentimientos y las pasiones,
pero lo que más te agradezco es ese don
divino, esa huella indeleble,
que sembraste en mí alma arrogante
al mostrarme al Dios de las alturas
que me apartó del camino errante.
¡Qué dicha!... ¡Qué misericordia, la tuya!
¿Recuerdas cómo jugabas
conmigo cuando era un niño?…
¿Cómo tejíamos sueños
con cándida inocencia y amor celeste,
porque decías que el amor era azul,
como el azul del cielo, nido de ángeles,
querubines, santos y vírgenes divinas?
¿Y mis lágrimas?... ¡Cuántas lágrimas!
¿Recuerdas lo qué me decías para contenerlas?
¿Sí?... ¡Qué bueno!… Yo también lo recuerdo
y nunca lo olvidaré. “Perdónalos…
¡Perdónalos, que no saben lo que hacen!”,
señalabas en un susurro que sólo yo escuchaba.
Tú me enseñaste ese sortilegio maravilloso,
ese don mágico que concede el perdón.
Esa liberación divina que purifica
y dignifica a quien concede y recibe.
¡Qué maravilloso eres!... ¡Único en verdad!
¡Qué mal te traté durante mis despechos,
mis mal de amores y mis locas carreras
al despeñadero de las angustias plañideras!
¡Qué inquietud y turbación te trasmití
y cuántos desvelos por mí dolor!
¿Te acuerdas de Luisa?... ¡Claro, cómo
no te vas a acordar! …¡Qué sentimientos
tenía!... Y esa mirada de virgen encantada
era todo un poema para enamorados.
Y de Trina e Isabel y las otras, ¿recuerdas?
¡Qué hermoso es amar más que el amor!
¡Qué contento te sentías en esos días!...
Bueno, no fueron días sino años,
tan plenos de felicidad que los dos,
tomados de la mano y con el regocijo
pincelado en nuestros ojos claros,
cantábamos por la calles de la ciudad
tantos vivas y tonadillas al amor
que teníamos a todos hasta la coronilla.
Bueno, son cosas del pasado, lo se.
El presente no es tan maravilloso
en esas cuestiones. Tendrá sus razones.
Lo importante es que estás a mi lado,
fiel e inseparable amigo de luchas
y batallas, alegría y desdichas y nunca,
siquiera en pensamientos, pensaste,
y valga la redundancia, meterme
en una ambulancia y dejarme
sólo, al arbitrio y al abandono.
Siempre a mí lado, como un guerrero
de los tiempos pasados y presentes.
Siempre has estado ahí, vigilante,
para que ningún espía errante penetre
las barreras que nos mantiene rozagantes.
Te amo, querido amigo. Sigue así,
firme y decidido, porque los combates
todavía, y tú lo sabes, no han concluido...
Entre vendavales y tempestades,
derrotaremos a los furiosos huracanes
y sobre lava de volcanes marcharemos
siempre juntos hasta llegar al reino
venerable de las ideas puras y benditas
porque todavía queda mucha tela sin cortar.
Bueno, me despido, no si antes desearte
muy cariñosamente que sigas lúcido y valiente,
sin interrumpir tu ritmo y galope, no importa
si la cuesta es empinada y que por ahora
sólo podamos comer papas y ensaladas.

Un fuerte abrazo amigo mío, extensivo a todos
los que te rodean, a esos valientes, que te ayudan
en el diario y vigoroso palpitar.

Cordialmente,

Tú tutor


P/D: Te amo doblemente.
Por lo que eres y por todo lo que me has enseñado, gran corazón.

LA DONNA


La donna (1988)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela, 150 x 100 cm.

Serie: MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
Colección Privada.




SAN VIRTUOSO Y EL ESCAPULARIO DEL TÍO BENITO



No recuerdo muy bien como fue…
Pero de qué sucedió ¡sucedió!
Aunque ya esté muy viejo
para contar historias largas
mi memoria testifica
que en el pueblo de Santa Esperanza
existía un curita, muy joven él,
que de la Biblia hacía un escapulario.
Unos les decían bobo santurrón.
Eso era lo de menos, lo más suave,
porque cuando pasaba
frente al botiquín de Don Benito, el leguleyo,
del que decían había estudiado leyes,
los mozos que estaban repletos de ron
le gritaban cada cuestión,
que el pobre cura se ponía tan marrón
como su sotana y, de un sólo tirón,
corría a esconderse tras el púlpito de la iglesia,
que quedaba en la esquina Del Porrón.

La historia no podría ser tal,
si al bendito cura, que se llamaba Virtuoso,
Virtuoso Cañas, para ser más precisos,
algunas viejitas lo habían bautizado,
a fin de que les reivindicase
sus pecados juveniles, como San Virtuoso.
El pobre cura, que de provinciano tenía
hasta los lamentos y de santo ni la coronilla,
comenzó a aprovecharse de su pregonada santidad.
Fue así como Cándida, bella hembra
y casta mujer deseada por todos los pobladores,
llegó a las manos y codicia del sacerdote,
quien no era puro ni menos virtuoso.
Seducido por los encantos de aquella morena
de espectacular figura, caderas anchas,
pechos de gallo en flor y nalgas de rumbera,
Virtuoso, cada vez que ella se presentaba
ante el confesionario, le ponía a la bella joven
una sola penitencia, aunque ella
estaba sin pecado concebido.
Y el cura le decía: “Si quieres el perdón
divino, con un hombre divino debes
estar”, confundiendo a la párvula mujer,
quien en su ignorancia nada entendía.
Fueron pasando los días, las semanas
y los meses y el curita insistía,
pero nada sucedía con la guapa doncella.

Todos en la población seguían
haciendo mofa del curita feo y desgarbado,
hasta que un día Don Benito enfermó.
Sería de tanta rumba y alcohol,
nadie lo sabe, pero lo que si es cierto
es que era tío y padrino de bautizo
de la hermosa Cándida,
a la que siempre protegía
del contacto de rufianes pueblerinos.
Su malestar fue tan grave,
que temiéndose lo peor,
llamaron al cura Virtuoso
para que le diese la extremaunción.
Éste corrió presuroso, no sólo
con la intención de darle los santo óleos,
sino para estar cerca de Cándida,
a quien en secreto amaba con ansiedad.
Al llegar, todos estaban presentes.
Sólo faltó el Jefe Civil quien,
dijeron, estaba tras unos cuatreros.
Sin embargo otros aseguraron
que pasaba la mona tendido
en una desvencijada hamaca
que colgaba tras del negocio
del moribundo Don Benito.
Todos reían con fruición
porque decían que zancudos y chiripas
morían en un santiamén después de picarlo
ya que el regordete hombre de la policía
estaba tan atiborrado de caña
que las pobres alimañas
no resistían tal intoxicación.

Volviendo al caso,
les voy a contar,
y es palabra de viejo
y esto tiene respeto y dignidad,
porque yo no cuento estupideces
y menos cosas con maldad.
Pues bien, voy con lo acordado:
Todo aconteció la noche
en que Don Benito agonizaba.
En ese mismo instante el cura Virtuoso,
después de ungirlo para el último adiós,
le colgó un escapulario al cuello
y entre labios rezó una oración.
Yo lo vi. Con estos ojitos, que ustedes ven
y que algún día se han de comer los gusanos.
Me pareció que era de la Virgen María,
pero otros dicen que tenía prendida una foto
de Cándida aparentando a la santa mía.
La historia es que el consagrado
escapulario desapareció el mismo día
en que el tío Benito al fin murió,
al parecer de cirrosis hepática aguda
y no por estar seis horas con una puta.

Las cosas en el pueblo siguieron igual.
Trabajo de día y borrachera de noche.
Las viejas en sus casas rezando el rosario
y los viejos maridos roncando la caña.
Sólo algo había cambiado:
Cándida acariciaba con tal devoción
el escapulario que delicada y mansamente
Virtuoso había prendado del cuello
de su tío Benito antes de la fatal defunción,
que hizo sospechar a niños, ancianos
y a casi todos los parroquianos sanos,
que la hermosa mujer había enloquecido.
La llevaron ante el matasanos,
quien le recetó una poción de valeriana.
Pero no pasó nada. Seguía igual de mala.
Luego la llevaron con el brujo Juliano,
quien le leyó la mano y como remedio
le mandó unos baños de canela
y hierbas con olor a gusanos.
Pero nada sucedió y por tal motivo,
como último recurso, la llevaron
ante el llamado San Virtuoso
para que le curase ese mal tortuoso.
El cura la miró tan fijamente
que muchos creyeron que estaba demente.
Ella se hizo la desentendida.
El escapulario contenía, y la jovencita lo sabía,
una foto escondida tras la estampita
de la santa y venerada Virgen María.
Era la del curita, que de bobalicón,
no tenía un ápice, ya que en la misma
aparecía tan desnudo como el día
en que nació en la hacienda de Don Simón.
Estaba tan bien dotado
que tenía atolondrada a la casta jovencita
hasta el punto que ya poco dormía
y hasta el apetito había perdido.
Con un movimiento nervioso, pero decidido,
y los ojos iluminados como flamas ardientes
Cándida hizo girar entre sus dedos, y en forma circular,
la imagen sagrada que estaba cosida a una cadenita
de fino y puro oro de dieciocho quilates,
y sin más empacho invitó al cura a que la amase.
Todo fue bendito, dicen algunos.
Otros, furia de dioses, ya que durante tres días
nadie más supo del curita ni de la Cándida mujercita.
La iglesia permaneció cerrada
y las campanas sin decir nada.
En verdad no sé si eso fue felicidad,
lo cierto es que a los nueve meses
nació un niño robusto, fuerte y rapaz,
a quien mucho llamaron Sin Pecado Concebido
porque gracias a la religión
nació aquel varón que alegró la vida del santurrón.

EN EL NIDO DE LA ROSA




En el nido de la rosa (2008)
Autor: Diego Fortunato
Serie BAILARINAS INFINITAS
Acrílico sobre tela 120 x 90 cm.
COLECCIÓN PRIVADA Familia González-Fortunato La Rosa



LADRÓN DE RECUERDOS

Busco sobre
las estepas del gris,
en las redondeces
de la memoria,
sobre las sombras
de las horas idas
y encuentro
el vacío de la ausencia
que me sonríe
como niña sorprendida.

Giro los ojos en el pasado,
hacia las profundidades,
y un oscuro camino
que por instantes se ilumina,
me indica el paso,
corto y escarpado,
hacia el ayer.

No hay rosas ni violetas
menos cosas benditas.
Ramas de terciopelo
o faroles de agua dulce.
Tampoco polvo,
lluvia o tormentas…
Pero es la vía.

Llego al final del sendero
agotado, pero sereno.
En el rincón más oscuro
encuentro un cofre
que en una época fue reluciente,
con su boca abierta,
como pidiendo clemencia.
A pasos lentos me acerco.
No hizo falta más,
sólo dos pisadas al vacío.
Todo olía a estiércol…
Ya no había nada.
Un caballero andante,
quizás un gitano,
un pirata o un fantasma
montado en un corcel
vestido de rabia
se había robado mis recuerdos,
mi historia,
la que creía no valía nada.
Ahora sólo soy el presente.
No hay pasado,
sólo un futuro incierto
que algún día
pertenecerá a los recuerdos.

SALTINBANQUI




Saltinbanqui (1988)
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre cartón , 66 x 48 cm.).
Colección Privada familia Gistau.


ALMORZAR CON LOS SUEÑOS

De la misma forma
como te presiento eres.
Humano y celestial,
hermoso y omnipotente.
Eres el sueño,
el Dios olvidado
en el inconsciente,
pero hoy te invito
a estar un momento conmigo.
Quiero ver el día,
sus luces sin soles,
las cosas olvidadas,
las vidas acabadas,
para estar cerca
del amor y la esperanza.

Sacaré mi lonchera,
el estómago no espera,
menos los sueños y la razón.
Almorzaré con las ideas,
con los océanos y las letras
en los confines de la vida
porque todo está escrito
en el tiempo y la vida.

Almorzaré contigo… Otra vez…

LA CONGOJA




La congoja (1998)
Autor: Diego Fortunato
Serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
(Acrílico sobre tela 122 x 76.5 cm.).
Colección Privada.



LA LOCA Y LA LUNA

Era como un poema
escrito en la mañana.
Piel tersa,
tez de porcelana.

Algunos decían
que estaba loca,
pero no tanto.

Sus ojos, brillo
de centellas,
iluminaban
y encendían el día.

Cada brizna
de su cabello
era flama de delirio.

Sus labios,
carnosos
y voluptuosos,
preñaban el sentido.

Era ella, la única,
la del mimo,
la bienquerida.

Pero vino
la luna-luna
y encendió la llanura,
de copos y locura.

De aquella
imagen de mujer
venerada no quedó nada.

Fue la luna,
mágica e ignota,
que la volvió loca.

¡Ay luna-luna!,
qué le has hecho
a la hembra moruna,
porqué le robaste la cordura.

¡Ay luna-luna!,
¿Dónde te las has llevado
si aún no la he amado?

¡Ay luna-luna,
profanaste la cosecha,
pero los recuerdos
reposan en la primavera.

¡Ay, luna-luna!... ¡Ay!
¡Te llevaste a la loca mía!...
¡Ay, luna-luna!... ¡Luna!

TIEMPO DE INTIMIDAD




Tiempo de intimidad (1998)
Autor: Diego Fortunato
Serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
(Acrílico sobre tela 150 x100 cm.).
Colección Privada familia Nigro.




UNA GOTA
Una gota,
simplemente una,
servirá
para iluminar
mí vida.

Una gota,
rociada de amor,
es la ternura
que me arrebatará
de la locura.

Una gota,
sólo eso pido,
no tú piel,
ni un beso
de terciopelo.

Una gota,
sangre mía,
te la entrego,
aunque el puñal
claves en la espina.

Una gota,
mujer vivaz,
que apague
el lamento
de mi sombra fugaz.

Una gota,
un Ave María,
una mirada al cielo
y te entrego
el alma mía.

LA NÁUFRAGO


La naúfrago (2001)
Autor: Diego Fortunato
Serie VITRALES VIRTUALES
(Acrílico sobre tela 120 x 90 cm.).


¡QUÉ MÁS!

Un pozo de agua dulce.
Un manantial. Una mujer
bonita me espera.
¡Cuánto me quiere!...
¡Cuánto me odia!
Cuando me besa parece una niña.
Cuado me odia parece una loca.

¿De qué estás hecha si no amas
ni vives?... ¿ Por qué no puedes?...
¿Dónde fue el amor?… ¿En qué río
fue a naufragar?... ¡Te extraño, loca!...
¡Nunca me olvides!... ¡Vuelve humo incoloro!...
¡Te extraño, niña, porqué te quiero!

El prado es verde… Amarillos los locos.
El amor rojo… ¡Cerezo el camino!...
Añil el tiempo… ¡Negra la vida!

¡Qué más!... Un manantial… Una mujer.

TIEMPO DE AMAR


Tiempo de amar (1998)
Autor: Diego Fortunato
Serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
(Acrílico sobre tela 120 x 90 cm.).
Colección Privada Famila Nigro.





EMBRIAGARME DE TI

Dame el sabor de un beso,
busca la colina escondida
para exprimir tu cerezo
y embriagarme los sentidos.

Corre ave bendita
a los brazos bandidos,
a la palma ardiente
que se esconde en la cascada
y embriágala de vida.

Hiedras trenzan
el corazón que no calla.
Una mirada tuya, mil pasos
en las venas dormidas,
cien caricias de fuego
en el pozo de miel viva
embriagan el alma mía.

Envidiosos los cuervos rondan
en las máscaras del río.
Danza primavera,
quema voraz el loco juicio.
Aplaca el cuerpo mío…
¡Ven, embriágame el destino!

LA INTIMIDAD


La intimidad (1998)
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre tela 150 x 100 cm.)
Colección Privada familia Kors Delfino.


LA IDA


Te he olvidado en la locura
del camino muerto, en la verde
máscara de la piel de otoño.
He concluido que nada vale nada,
siquiera la vida o la muerte.
Nada importa ni nada tiene sentido
en la jungla del tormento.
Los vicios, el amor y la felicidad
naufragan en calles de sal sin sonido.
Sólo el eco de la mente navega
en el prado alucinado de los pensamientos.
Respiro en el abismo de la angustia
mientras huyo de la cárcel transparente
de las ideas y el arrepentimiento.
Dibujo en el gris del viento
el regreso a la quietud con el coraje
de un guerrero de los espacios infinitos.
El suspiro de la agonía susurra
su melodía de tristeza.
Ha llegado el sosiego, tibio, con color
de paz tallado en su rostro.
Ninguna resistencia,
siquiera el asombro pincela de miedo la ida.

CAMINANDO BAJO LOS RECUERDOS


Caminado bajo los recuerdos, (1996)
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre telas 120 x90 cm.).
Colección privada familia Fortunato Vásquez.





HÉROE

En el cielo,
allá donde las nubes
abrigan a los ángeles
tiene su casa mi héroe.

Dicen que usa barba,
tan blanca como la vida
y tan larga como la eternidad.

Su misericordia es tan inmensa
como la luz y su paz
tan grande como el silencio.

Creó ríos y montañas,
peces y alimañas y le dio
vida al hombre que todo lo daña.

Escribió un libro,
de diez palabras solamente,
pero la gente las viola alegremente.

Mandó a su hijo
a enseñar a los míos
pero lo guindaron de un crucifijo.

Todos le piden
fortuna y laurel para luego
gastarlo en el gran burdel.

Los muertos creen
que más allá de los gusanos
hay un huerto sano llamado Edén.

Quizás todo sea cuento
pero yo no me lamento
de tener en mí casa
un héroe en el firmamento.

EL COLUMPIO


El columpio
Autor: Diego Fortunato
(Acrílico sobre cartón 66 x48 cm.).
Colección Privada familia Fortunato La Rosa.
QUISE

Encontré una margarita
en el cielo aquel día.
Estaba atrapada de una nube en un riel.
Quise salvarla con un beso
y abrazar sus pétalos con pinzas de amor.
Volé hacia ella. Cabalgué sobre corceles de sueños.
Remonté cabañas de viento. Crucé el tiempo.
La felicidad alargó su mano. Un ruiseñor
brindó su canto a la vida. La alegría renació aquel día.
Le di fuerte a las riendas. Casi pude tocarla
pero mientras más avanzaba la flor se alejaba.
Frágil es la dicha. Frágiles los sueños.
Quise salvarla con un beso…
Quise abrazar sus pétalos con pinzas de amor.
Lloró el sol aquel día… Lloró el alma mía…