martes, 13 de noviembre de 2012

SI FUESE UN INSTANTE


Alguien nos espera(1991)
Pintor: Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 90 x 60 cm.
 Colección Privada Nina Kors


SI FUESE UN INSTANTE

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
dibujaría un mundo mejor,
lleno de alegría y paz.
Hermosas y risueñas
golondrinas vestidas
de amor esparcirían
por el sendero del infinito
un himno inmaculado
con olor a jazmín.
Sentado en el borde
del tiempo escucharía
como niño embelesado su canto
de quietud y hermandad.

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
cincelaría en el espacio infinito
una estatua de bondad eterna
sobre pétalos de rosa
y perfumados océanos de miel.

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
cabalgaría sobre corceles
de vida para derrotar
al hambre voraz
que como peste maldita
mutila y silencia la vida.

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
con lágrimas de júbilo
besaría al prójimo mío
y bendito por ser parte
y sueño de la vida mía.

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
rogaría a los cielos
por la armonía y la amistad
de todos los seres
del universo inmortal.

Si fuese un instante,
y ese instante fuese ya,
tejería sueños de libertad
sobre montes y praderas,
lagos, mares y ríos
para que en la tierra toda
germinen profundos
sueños de fraternidad.

Si fuese un instante,
si ese instante fuese ya,
abrazaría a toda la humanidad
y con susurro de querubines
le cantaría al oído
“¡Te amo por existir,
tanto como Dios
nos ama a todos por vivir!



          El poeta y novelista Diego Fortunato en la piscina del Hotel San Juan Casino de Puerto Rico disfrutando de un merecido descanso después de terminar su novela La estrella perdida, segunda de la saga de El Papiro.

SI FUESE UN INSTANTE






Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

dibujaría un mundo mejor,

lleno de alegría y paz.

Hermosas y risueñas

golondrinas vestidas

de amor esparcirían

por el sendero del infinito

un himno inmaculado

con olor a jazmín.

Sentado en el borde

del tiempo escucharía

como niño embelesado su canto

de quietud y hermandad.



Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

cincelaría en el espacio infinito

una estatua de bondad eterna

sobre pétalos de rosa

y perfumados océanos de miel.



Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

cabalgaría sobre corceles

de vida para derrotar

al hambre voraz

que como peste maldita

mutila y silencia la vida.



Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

con lágrimas de júbilo

besaría al prójimo mío

y bendito por ser parte

y sueño de la vida mía.



Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

rogaría a los cielos

por la armonía y la amistad

de todos los seres

del universo inmortal.



Si fuese un instante,

y ese instante fuese ya,

tejería sueños de libertad

sobre montes y praderas,

lagos, mares y ríos

para que en la tierra toda

germinen profundos

sueños de fraternidad.



Si fuese un instante,

si ese instante fuese ya,

abrazaría a toda la humanidad

y con susurro de querubines

le cantaría al oído

“¡Te amo por existir,

tanto como Dios

nos ama a todos por vivir!