miércoles, 6 de julio de 2011

TIEMPO DE AMAR

Tiempo de amar (1985)
Pintor Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 122 x 76.5 cm.
Serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
Colección Privada familia Nigro.


SAN VIRTUOSO Y EL ESCAPULARIO DEL TÍO BENITO


No recuerdo muy bien como fue…
Pero de qué sucedió ¡sucedió!
Aunque ya esté muy viejo
para contar historias largas
mi memoria testifica
que en el pueblo de Santa Esperanza
existía un curita, muy joven él,
que de la Biblia hacía un escapulario.
Unos les decían bobo santurrón.
Eso era lo de menos, lo más suave,
porque cuando pasaba
frente al botiquín de Benito, el leguleyo,
porque decían que había estudiado leyes,
los mozos que estaban repletos de ron
le gritaban cada cuestión,
que el pobre cura se ponía tan marrón
como su sotana y de un sólo tirón
corría a esconderse tras el púlpito de la iglesia,
que quedaba en la esquina Del Porrón.


La historia no podría ser tal,
si al bendito cura, que se llamaba Virtuoso,
Virtuoso Cañas, para ser más preciso,
algunas viejitas lo habían bautizado,
a fin de que les reivindicase
sus pecados juveniles, como San Virtuoso.
El pobre cura, que de provinciano tenía
hasta los lamentos y de santo ni la coronilla,
comenzó a aprovecharse de su pregonada santidad.
Fue así como Cándida, bella mujer y casta
hembra deseada por todos los pobladores,
llegó a las manos y la codicia del sacerdote,
quien no era puro ni menos virtuoso.
Seducido por los encantos de aquella morena
de espectacular figura, caderas anchas,
pechos de gallo en flor y nalgas de rumbera,
Virtuoso, cada vez que ella se presentaba
ante el confesionario, le ponía a la bella
joven una sola penitencia,
aunque ella nada malo había hecho.
Y el cura le decía: “Si quieres el perdón
divino, con un hombre divino debes
estar”, confundiendo a la párvula mujer,
quien en su ignorancia nada entendía.
Fueron pasando los días, las semanas
y los meses y el curita insistía,
pero nada sucedía con la guapa doncella.


Todos, en la población, seguían
haciendo mofa del curita feo y desgarbado,
hasta que un día Benito enfermó.
Sería de tanta rumba y alcohol,
nadie lo sabe, pero lo que si es cierto
es que era tío y padrino de bautizo
de la hermosa Cándida,
a la que siempre protegía
del contacto de rufianes pueblerinos.
Su malestar fue tan grave,
que temiéndose lo peor, llamaron
al cura Virtuoso
para que le diese la extremaunción.
Éste corrió presuroso, no sólo
con la intención de darle los santo
óleos, sino para estar cerca de Cándida,
a quien en secreto amaba y ansiaba.
Al llegar, todos estaban presentes.
Sólo faltó el Jefe Civil quien,
dijeron, estaba tras unos cuatreros.
Sin embargo otros aseguraron
que estaba pasando la mona
tendido en una destejida hamaca
detrás del negocio del moribundo Benito.
Todos reían, porque, decían,
que zancudos y otras chiripas
morían al instante después de picarlo
ya que el regordete hombre de la policía
estaba tan repleto de alcohol
que las pobres alimañas
no resistían tal intoxicación.


Volviendo al caso, les voy a contar,
y es palabra de viejo
y eso tiene respeto y dignidad,
porque yo no cuento estupideces
y menos cosas con maldad.
Pasó la noche en que Benito
agonizaba cuando el cura Virtuoso,
después de ungirlo para el último adiós,
le puso un escapulario al cuello
y entre labios le rezó una oración.
Yo lo vi. Con estos ojitos, que ustedes ven.
Me pareció que era de la Virgen María,
otros dicen que tenía prendida una foto
de Cándida aparentando a la santa mía.
La historia es que el consagrado
escapulario desapareció el mismo día
que el tío Benito al fin murió,
al parecer de cirrosis aguda
y no por estar seis horas con una puta.


La cosa en el pueblo siguió igual.
Trabajo de día y borrachera en la noche.
Y las viejas en sus casas rezando el rosario
y los viejos maridos roncando la caña.
Sólo una cosa había cambiado:
Cándida acariciaba con tal devoción
el escapulario que Virtuoso había prendado
de su tío Benito antes de la fatal defunción
que hizo sospechar a niños, ancianos
y a casi todos los parroquianos,
que la mujer se había desequilibrado.
La llevaron ante el matasanos,
quien le recetó una poción de valeriana.
Pero nada pasó. Luego la llevaron
con el brujo Juliano, quien le leyó la mano
y como remedio le mandó unos baños
de canela y hierbas con olor a gusanos.
Pero nada sucedió y por tal motivo
como último recurso la llevaron
ante el llamado San Virtuoso
para que le curase ese mal tortuoso.
El cura la miró tan fijamente
que muchos creyeron que estaba demente.
Ella se hizo la desentendida.
El escapulario contenía
y ella lo sabía, una foto escondida
tras la figura de la Virgen María.
Era la del curita, que de bobalicón,
no tenía un ápice, ya que en la misma
aparecía tan desnudo como el día
en que nació en la hacienda de Don Simón.
Estaba tan bien dotado
que tenía atontada a la casta jovencita
hasta el punto que ya poco dormía
y había perdido hasta el apetito.
En un gesto ella hizo girar entre sus dedos,
y en forma circular, la imagen sagrada
que estaba cosida a una cadenita
de fino oro de dieciocho quilates,
he invitó al cura para que la amase.
Todo fue bendito, dicen algunos.
Otros furia de dioses, ya que durante tres días
nadie más supo del curita ni de la Cándida
mujercita. La iglesia permaneció cerrada
y las campanas sin decir nada.
En verdad no sé si eso fue felicidad,
lo cierto es que antes de los nueve meses
nació un niño robusto y fuerte,
a quien mucho llamaron sin pecado concebido
porque gracias a la religión nació
aquel varón que alegró la vida del santurrón.




El pintor, poeta y escritor Diego Fortunato en el Golfo de Cariaco (Península de Araya, Venezuela) después de un "exitoso" día de pesca.







jueves, 30 de junio de 2011

EL DESCANSO

El descanso (Año 1985).
Pintor Diego Fortunato
SERIE MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
Acrílico sobre tela 122 x76.5 cm.
Colección Privada familia Nocerino (Italia).







EN UNA REGIÓN FINITA DEL INFINITO
       -De mi serie de poemas titulados Homenaje al infinito-
No soñaba,
mucho menos
estaba despierto.
Sólo vagaba
en los espirales
de mi mente
cuando de pronto
me encontré
en un agujero negro
que está más allá
del fin del mundo.
Escuché gritos
a mí alrededor
pero no sabía
de dónde venían
y qué decían.
Seguí observando
un rato más
en la tenebrosa
inmensidad.
Un ruido infernal
de pronto
atrajo mi atención.
Miré a un lado,
después hacia otro,
y nada. Volví a mirar,
está vez hacia
el sótano de infinito
y vi como un gran
agujero negro
eyectaba potentes
chorros de materia
color ámbar carmesí
que estallaban
en loco remolino
de vida y de muerte.
Puse atención
y aguce los oídos.
Los aullidos venían
de las cavernas
de la oscuridad
más oscura.
Quise escapar
en un instante,
pero algo me detuvo.
Estaba en la curvatura
del espacio-tiempo
y vi varios horizontes
de sucesos y yo reflejado
en cada uno de ellos
y en cada etapa de mi vida
hasta el nacimiento.
Era muy hermoso
y de nítido placer
a mis aterrados ojos,
pero quería escapar
porque estaba
en el límite del espacio
y de allí nadie logra huir
siquiera un rayo
de fina y tenue luz.
Di un salto,
después otro
un poco más fuerte
y en un instante
estaba sentado
más allá del centro
de la Vía Láctea,
fuera de todo peligro
y de los tenebrosos
agujeros negros
y sus cuatro dimensiones
geométricas de carga
eléctrica letal.
Me sentía dichoso
y satisfecho.
Había presenciado
en el infinito la muerte
de una gigante roja
que en miles de millones
de años se convirtió
en una enana blanca
y luego en agujero negro
y salí ileso en el intento.
¿Qué cuánto tiempo
estuve allí?... ¡Qué importa!...
La velocidad de la mente
no se mide por los miles
de millones de neuronas
que una persona tenga
en su pequeño cerebro,
sino por la velocidad
de sus pensamientos
y luminosa imaginación.





¡ATENCIÓN!... ¡ATENCIÓN!... ¡ATENCIÓN!...





No se lo pierda
el texto completo de la novela URL, EL SEÑOR DE LAS MONTAÑAS, premonitoria epopeya fantástica, donde se pincela el dramático destino que le tocará vivir a Venezuela bajo la dictadura comunista.


SINOPSIS

En una de las más fascinantes epopeyas contemporáneas, Url, El Señor de las Montañas, un ser dotado con poderes divinos, libra feroces batallas al lado de sus guerreros para salvar a su nación de las garras de La Fuerza del Mal comandadas por el sanguinario dictador Adolfo Láchez, quien posee un entrenado y bien armado ejército de más de un millón de hombres. Para en-frentarlo, utiliza los poderes de El báculo de la Esperanza, un poderoso ma-dero de gran fuerza destructiva que le fue legado por El Creador. Katria, una bella ex modelo, Longar, el soldado negro, Hatch, el guerrero petrolero y Ku-nato, el japonés estratega, son algunos de los héroes Libertarios que luchan a lado de Url en unas inhóspitas montañas enclavadas en La Cordillera de la Costa. El día de La Batalla Final, ocurrirá un acontecimiento que hará estremecer de miedo hasta a los más fieros guerreros.





 El poeta, escritor y pintor Diego Fortunato con su sobrina Sandra en un recodo del Castillo de Araya, en la Península de Araya, Venezuela (Mayo 2011).