miércoles, 5 de octubre de 2011

URL, EL SEÑOR DE LAS MONTAÑAS


    Lea la novela completa en www.urlelsenordelasmontanas.blogspot.com


EL BRILLANTE CAZADOR

           A Orión, el cazador más deslumbrante del universo.
                       (De mi serie de poemas titulados Homenaje al Infinito).




Te encontré cerca del río Eridanus,
junto a tus perros de caza Canis Mayor
y Canis Menor, mientras batallabas
contra la constelación de Tauro.
Bajo el brillo incandescente
de Betelgeuse, la supergigante roja
que siempre te acompaña
en tus correrías, me uní a tu coto
como fantasma furtivo.
Me emocionó verte erguido,
cual gigante colosal,
con tu garrote de bronce en alto
apuntando a la enorme cabeza
del furioso de Tauro, quien estaba
a punto de embestirte,
mientras en tu mano izquierda
asías el gran escudo de luz y vida.
Nunca vi yelmo tan deslumbrante
sobre cabeza de guerrero alguno
ni espada tan resplandeciente
y afilada como la que colgaba
de tu cinturón de estrellas.
Apoyabas tu pie derecho
sobre el inofensivo conejo
que pacía sereno en los prados
azules de la protectora Rigel.
A lo lejos, muy coqueta,
distinguí a Bellatrix, la indomable
amazonas del cuadrilátero exterior
guiñándole el ojo a Saiph.
Después, muy oronda,
sosteniendo orgullosa y en alto
tu cinturón, vi a la vieja Mintaka,
que a sus 915 años luz
de distancia, lucía espléndida
junto a Alnitak y a Alnilam,
la más brillante y hermosa
estrella jamás conocida por nadie.
Parecían Tres Reyes Magos
o, mejor dicho, las Tres Marías
del divino universo creado
por el Todopoderoso Dios.
Más abajo advertí, un tanto triste,
pero moviéndose en forma
excéntrica, a Hatysa. A su lado
Tabit, la enana amarilla,
Meissa y todas las demás
estrellas de tu corte celestial.
las cuales vestían brillante atuendo.
Lucían esplendidas, como listas
para un baile del espacio señorial.
Los antiguos griegos decían
que naciste de los orines
de los dioses Zeus, Poseidón
y Hermes, después que visitaron
a Hirieo de Tanagra, un anciano
que no podía tener hijos,
pero que con pasión deseaba uno.
En agradecimiento a su hospitalidad
y después de degustar un suculento
buey entero que Hirieo cocinó para ellos,
los dioses le hicieron una promesa
para que su deseo se cumpliese:
orinaron (otros dicen que eyacularon)
sobre la piel del buey que se habían
comido y luego lo enterraron.
Le dijeron que a la décima lunación
lo desenterrara. Cuando Hirieo lo hizo
se encontró con un hermoso y robusto niño,
a quien llamó Urión, el que orina,
en gratitud a los orines de los dioses
que lo habían engendrado.
Otros, en cambio, decían
que Orión había violado a Mérope,
hija de Enopión, quien por ello lo dejó ciego.
No obstante, Helios le devolvió la vista
y Orión se convirtió en compañero de caza
de Artemisa y Leto, pero en cruel venganza,
prometió acabar con todo animal
que transitase sobre la Tierra.
Cuando Gea, la madre Tierra, se enteró,
agarró tan soberano disgustó
por la innoble actitud de Orión,
que lo hizo picar por un gigantesco
escorpión que enseguida lo mató.
Y así, las leyendas y los mitos
sobre Orión se multiplican y siguen
y seguirán hasta el último de los días,
aunque la verdad es que nunca dejará
de acosar por siempre a las Pléyades
y presidir el infinito universo
como un invencible y brillante cazador.


El descanso (1985)
Pintor Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 122 x 76.5 cm.
Serie MUJERES DE PIEL DE SOMBRA
Colección Privada familia Nocerino.

miércoles, 21 de septiembre de 2011


13 de abril, desde ahora a la eternidad
DÍA NUNDIAL DEL AMOR




Aunque no soy nadie o, quizás, un don nadie, ni tampoco me crea absolutamente en nada para estar decretando nada (valga la cacofonía), y tampoco mi ego anda por la estratósfera o "desorientado", se me antoja decretar o, establecer, si así lo prefieren, el 13 de abril, desde ahora hasta la eternidad, (la fecha también es otro antojo) como el Día Mundial del Amor (y no de los Enamorados), basado única y exclusivamente en el principio universal y divino de que el amor todo lo puede, según se afirma (y yo lo creo y creeré firmemente hasta la muerte) en el Capítulo 13 de la primera Epístola del apóstol san Pablo a los corintios, todo el dechado de virtud y sublimidad espiritual.


  En los próximos días, también si se me antoja, escribiré una breve Declaración de Principios sobre esta fecha y su importancia, la cual será fundamental para el renacer de la humanidad y la creación de un nuevo hombre, el Hombre Espiritual (alejado del maligno materialismo), cuyos intereses y conducta serán regidos por el amor, el amor al prójimo y al Ser Supremo.


Mi bailarina y los grandes viajeros de Carlo Maria Mariani  (1987)
Pintor Diego Fortunato
Acrílico sobre tela 150 x 100 cm. 
Colección Privada familia Mecia Loyo 



EL ENIGMA DEL AMOR



¿Qué sería
del mundo
si no existiese
el amor?
El vació, la nada
en la existencia.
Sería el ocaso
de los sueños,
la muerte
de la esperanza.


Sin amor
nada hay
ni nada somos.
La vida no
tendría sentido
sin su abrigo.
Sería oscuridad
y tormento.
Las caricias
y la ternura
así como
la risa pura
reposarían
en la sepultura.


¿Qué niños
nacerían?...
Y a los ancianos,
¿en qué pestilente
mundo los tirarían?
¿Dónde
a los lisiados,
huérfanos,
enfermos,
pobres
y desheredados?


Sin amor
nada somos
ni nada
podemos ser.
El amor
lo es todo
y sin amor
la humanidad
se extinguiría
en un soplo
sin disparar
bala alguna
y ninguna falta
harían bombas
atómicas o viles
guerras asesinas.


El amor lo es todo.
El suspiro, el aire
que respiras
y la mano amiga
que te salva la vida.
Las lágrimas,
el consuelo
y la dicha
de estar vivo
como un ángel
que surca libre
el firmamento.


No hay vida
sin amor,
ni amor sin vida.
Son indivisibles,
como el cielo
y la tierra,
como el agua
y el río,
como la mente
y el cuerpo.
Caminan siempre
juntos,
de las manos
tomadas,
en las veredas
del universo
hasta los confines
de la alborada.


No hay vida
sin amor.
Son indivisibles.
Nunca podrán
vivir separados
porque así
lo quiso Dios.
¡Es el milagro
eterno
de la creación!






Con mis cinco hermosos y amados hijos. Son: Diego Odín, Viviana Alejandra, Daniela Andreína, Cristhian y  Deborah Alejandra. Yo, por supuesto, soy el del centro.